| El ayuno no es un invento de los tiempos modernos. Desde hace miles de años lo practican religiones y civilizaciones de todos los continentes. En sus orígenes, el ayuno estuvo por lo general al servicio de fines metafísicos: la purificación del alma, la penitencia, la depuración, la claridad espiritual o la redención son los objetivos centrales del ayuno ritual o religioso. En su práctica, las personas renunciaban total o parcialmente tanto a alimentos como a estimulantes. La palabra alemana fasten (ayunar) tiene su origen en el vocablo gótico "fastan", que significa tanto |
como atenerse, observar o velar. La renuncia voluntaria es característica del ejercicio del ayuno; lo contrario es sufrir hambre.
Las raíces: el ayuno religioso
El ayuno suele ser una parte importante de la práctica religiosa. En diferentes ámbitos culturales se encuentran muchas reglas relativas a la alimentación, también prescriben a los creyentes una renuncia a la ingesta alimenticia limitada en el tiempo. En el hinduismo, además del precepto de ingerir comidas
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correctas y puras, también se exige la abstinencia de alimentos. En el jainismo indio, fundado en el siglo VI a.C., el alma se ha de redimir mediante el ayuno y la meditación. El ayuno desempeña un importante papel también en el budismo. Su fundador Siddhartha utilizó el ayuno como vía hacia la iluminación y se convirtió así en Buda (el Iluminado). Contrario al jainismo, el budismo mantiene el equilibrio entre el placer y el ascetismo. En Japón, el ayuno sirve en el shintoismo para la depuración interior durante la preparación de actos de culto.
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